100 años de Marlon Brando. Cap. 38



El actor Marlon Brando escribió una de las páginas más gloriosas de la historia del cine gracias a una impresionante trayectoria que le coloca como uno de los mitos del séptimo arte

Primeros años

Su nacimiento tuvo lugar hace cien años en OmahaNebraska, 3 de abril de 1924, era el tercer hijo (sus hermanas, Joselyn y Frances) del matrimonio compuesto por Marlon Brando Sr (descendiente de franceses que americanizaron su apellido original, «Brandeau»), un hombre de carácter muy fuerte perteneciente a la Iglesia episcopaliana y representante de una fábrica de productos químicos (por lo que se mudaban constantemente) también se dice que era un dominante productor de cine con quien Brando mantuvo una tensa relación hasta el fin, y Dorothy Pennebaker, de sangre irlandesa (Dodie Brando) una actriz teatral con trastorno bipolar e inclinación al adulterio (Marlon presenció cómo recibía a múltiples hombres que ocasionalmente la maltrataban) y principal impulsora de un grupo teatral de Omaha (por el que a fines de los años veinte pasaron unos aún desconocidos Dorothy McGuire y Henry Fonda

La notoria incompatibilidad del matrimonio se tradujo, al cabo de poco tiempo, en una batalla constante que en plena ley seca llevó a la mujer al alcoholismo y a los hijos a emanciparse desde muy jóvenes. Brando se enteró de la muerte de su madre, en 1954, en un set de rodaje. Su padre, que pronto volvió a casarse, murió en 1965.

Su madre significó una importante fuente de inspiración para su hijo. Brando tuvo desde pequeño el don de observar a la gente e imitar sus gestos hasta el extremo. Desde su niñez, el pequeño Marlon Brando exhibió una belleza inusual que despertaba un indeseado efecto en las mujeres y que nunca supo gestionar. Su respuesta fue autolesionarse y descuidarse deliberadamente, buscando aplacar este impacto que producía. Durante su juventud, se destacó como un adolescente extremadamente rebelde que fue acumulando expulsiones de sus centros educativos de manera sistemática por motivos tan rocambolescos como conducir su moto por los pasillos del instituto. Su padre lo reprimía por ello, pero le animó a buscar su propio camino. 

Tras su enésimo fracaso escolar en la Academia Militar de Shattuck (en la que ingresó con dieciséis años, en contra de su voluntad, donde lejos de «enderezarse», fue expulsado dos años después por insubordinación), trató de alistarse sin éxito en el ejército, ya que una antigua lesión de rodilla provocada durante un partido de fútbol americano le privó de ir al frente. Obligado entonces a trabajar en lo que encontraba, fue albañil y conductor de excavadoras mientras sus hermanas se independizaban y partían a Nueva York para probar suerte en el teatro. A comienzos de 1943 se fue a vivir con su hermana Joselyn con el mismo objetivo, aunque para ganarse la vida tuvo que encadenar una sucesión de trabajos eventuales (vendedor de refrescos, lavaplatos, botones, ascensorista en unos grandes almacenes) mientras esperaba su oportunidad. 

Brando se marchó a Nueva York, donde estudió interpretación en la The New School y después en el famoso Actor's Studio. Allí asistió a las clases de Stella Alder, quien gozaba de gran prestigio por haber sido alumna, en Moscú, de Konstantin Stanislavski, cuyas técnicas aplicaba.

Terminada su formación, comenzó a trabajar en varios teatros de temporada, Una decena de obras entre 1944 y 1947 (MolièreShakespeareBen HechtJean CocteauBernard Shaw...) auparon su talento, y le bastaron dos frases para convencer a Tennessee Williams de que se hallaba ante el intérprete ideal para encarnar por primera vez al Stanley Kowalski de Un tranvía llamado Deseo. Con el beneplácito del dramaturgo y la dirección de Elia Kazan, Marlon Brando fue un Kowalski nunca superado, y de la noche a la mañana consiguió que todo Broadway hablara de él.

El éxito rotundo del montaje propició su versión cinematográfica. Y el actor, que ya había debutado en Hombres (1950) donde interpretó a un teniente del ejército que queda postrado en una silla de ruedas con lesiones irreversibles tras las heridas sufridas en la Segunda Guerra Mundial. Para preparar el papel, pasó un mes internado en un hospital de veteranos de guerra, donde tuvo la oportunidad de estudiar el comportamiento de los pacientes, analizándolos exhaustivamente. El resultado fue un trabajo realista y preciso que se ganó el favor de la crítica.

Desde su primera película, Marlon Brando quiso desmarcarse de las previsibles normas interpretativas que imperaban en Hollywood, guiándose por su propio criterio y utilizando sus propias técnicas. 

Marlon Brando no sólo adquirió una inmediata fama mundial: con ella nació el mito. Un icono que imitaron sus contemporáneos y que más de medio siglo después aún no se ha extinguido. Según cuenta en sus memorias, Las canciones que mi madre me enseñó, él no era consciente entonces del alcance de su imagen ni del efecto de su rebeldía, que sin pretenderlo afianzó en otros títulos, como ¡Salvaje! (1954) donde da vida a Johnny Strabler, el magnético líder de una banda de motoristas que se establecen en un pequeño pueblo californiano creando el caos entre reyertas y disturbios. El personaje de Brando fue encumbrado como símbolo de rebeldía por parte de los adolescentes, así como un ejemplo de la brecha generacional que prevalecía en los Estados Unidos de la posguerra. Piel de serpiente (1959), El baile de los malditos (1958), que permitió a Brando dar muestra de su versatilidad interpretativa al encarnar el papel de un capitán de la Wehrmacht alemana, al que dio un carácter más humano, que difería del imperante en los filmes bélicos de la época.

En seis años de carrera había sido candidato al Oscar en cinco ocasiones, y aunque lo podría haber ganado por ¡Viva Zapata! (1952), de Elia Kazan, o Julio César (1953), de Joseph L. Mankiewicz, lo obtuvo por La ley del silencio (1954), en la que encarnó al contradictorio Terry Malloy, un exboxeador caído en desgracia que sirve de matón del jefe de un sindicato portuario que explota a los estibadores con prácticas criminales. La película sirvió para que un despreciado Elia Kazan tratase de redimirse tras delatar a varios de sus compañeros de profesión en la famosa ‘caza de brujas’ que el senador McCarthy llevó a cabo contra todas aquellas personas sospechosas de tener una ideología comunista. El filme no le sirvió al realizador para ganarse el afecto perdido de sus compañeros, pero sí para que Marlon Brando se alzase al fin con el ansiado Oscar a Mejor actor principal.

El repentino crepúsculo de un excéntrico ermitaño

A mediados de la década de los 50, Marlon Brando había conseguido establecerse como uno de los mejores actores del panorama cinematográfico. 

MATRIMONIO 1: Anna Kashfi (1957-1959) fue públicamente tormentoso y duró dos años. Hay que destacar las enormes batallas entre los dos por la custodia de su hijo Christian.

MATRIMONIO 2: Movita Castaneda (1960-1962) Hijos Miko y Rebecca. u relación terminó cuando conoció durante el rodaje del filme a quien sería su tercera esposa, Tarita Teriipia, la mujer tahitiana que interpretó a su compañera en Rebelión a bordo.

Tras sus papeles de Sky Masterson en la adaptación cinematográfica de ‘Ellos y ellas’ (1955), donde acompañaba en el reparto a Frank Sinatra, y su insólita caracterización en el rol del intérprete japonés Sakini en ‘La casa de té de la luna de agosto’ (1956), filme que satirizaba sobre la ocupación estadounidense en Japón, Brando comenzó la década de los 60 dirigiendo su primer y único filme, ‘El rostro impenetrable’ (1961), un western que desarrolla una amarga historia de traición y venganza que le hizo merecedor de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.

En ese momento, el actor vivía una vida excéntrica y bohemia, entregado al hedonismo desaforado y a una conducta impulsiva y caótica. Es aquí donde conoce a  la modelo y actriz tahitiana Tarita Teriipaia, durante el rodaje de ‘Rebelión a bordo’ (1962). De ella se dijo que fue su gran amor, y aunque el actor incluso compró un atolón privado en Polinesia, su tormentosa relación terminó una vez más con un doloroso divorcio. Brando tuvo once hijos, fruto de sus tres matrimonios y de algunas otras aventuras amorosas extramatrimoniales, de los que jamás se ocupó y con los que no logró ser muy atento. También fue motivo de escarnio público su orientación bisexual, que le llevó a mantener relaciones sexuales tanto con mujeres como con hombres, entre los que se encontraron el comediante y actor Richard Pryor, el músico Marvin Gaye o el malogrado actor James Dean.

En 1976, le dijo a un periodista francés: "La homosexualidad está tan de moda que ya no es noticia. Como muchos hombres, yo también he tenido experiencias homosexuales y no me avergüenzo. Nunca he prestado mucha atención a lo que la gente piensa de mí. Pero si hay alguien que está convencido de que Jack Nicholson y yo somos amantes, que continúe convencido. Me parece divertido".

MATRIMONIO 3: Tarita Teriipaia (1962-1972) Hijos Teihotu y Cheyenne. A raíz de esa película, Brando se enamoró también de Tahití y adquirió una pequeña isla en el archipiélago en 1966, donde vivía cuando sus obligaciones profesionales se lo permitían. Con Tarita también tuvo problemas de convivencia, a pesar de los esfuerzos extraordinarios de ella por conservar su matrimonio. Tarita, una vez divorciada en 1972, reveló las intimidades matrimoniales de su fracasado matrimonio denostando a su exesposo públicamente como una persona egocéntrica, egoísta, celosa e infiel. Tras la muerte del actor, Tarita publicó un libro biográfico titulado Brando, mi amor y mi tormento.

Tras su fabulosa interpretación como el honrado e íntegro sheriff Calder en ‘La jauría humana’ (1966) y su participación junto a Sophia Loren en ‘La condesa de Hong Kong’ (1967), último filme dirigido por Charles Chaplin, Brando comenzó a perder poco a poco su gusto por la actuación. Sus papeles comenzaron a perder fuerza y el actor dejó de cuidar su imagen personal, pasando de exhibir en pantalla un escultural cuerpo a mostrar una incipiente obesidad. 

En realidad Brando, que encarnaba el inconformismo frente a otras pusilánimes estrellas de Hollywood, creía que trabajaba contra el star-system, a espaldas de la industria, y ocurría, en cambio, que su personaje convenía a la gran fábrica de sueños: era el mejor vendedor de sus productos. 

A comienzos de la década de los 70, Brando se instaló en su atolón próximo a Tahití, donde vivía apartado de la sociedad como un ermitaño con tendencia a la misantropía. Las grandes productoras cinematográficas manifestaron una falta de voluntad por contratarle debido a la preocupación por su decadente estilo de vida, que se sumó a la poca iniciativa que el propio actor tenía de retomar su trabajo a menos que su situación económica así se lo exigiera. Aún así, el actor sirvió como inspiración para otros actores como Jack Nicholson, Al Pacino o Robert De Niro, a quien siempre se le consideró su sucesor natural.

Don Vito Corleone, la leyenda

Marlon Brando salió voluntariamente de su declive cuando recibió una carta del novelista Mario Puzo, donde le alertaba del próximo rodaje de la adaptación de su obra ‘El padrino’, pidiéndole que interpretase el rol de Vito Corleone. Francis Ford Coppola, el director del filme, estaba de acuerdo con la proposición que el escritor había hecho para el papel del patriarca del clan Corleone, pero los ejecutivos de Paramount se negaron en rotundo a contratar a Brando a causa de su imprevisible temperamento y de la multitud de portadas que sumaba en los tabloides sensacionalistas debido a su inestable comportamiento. La productora prefería a Ernest Borgnine, así que transmitieron a Coppola una serie de condiciones para seleccionar a Brando que con toda seguridad el actor rechazaría.

Pero Coppola no cedió en su empeño, y se las arregló para grabar una prueba de casting a Brando, quien se metamorfoseó delante de las cámaras con un maquillaje improvisado por él mismo. Más tarde proyectó la prueba a los directivos de la Paramount, lo que sin duda hizo que finalmente aceptaran la proposición del director. Finalmente, Brando se puso en la piel de Don Vito Corleone en ‘El padrino’ (1972), dando lugar a una de las interpretaciones más legendarias de la historia del celuloide, que le hizo merecedor de su segundo Oscar en la categoría de Mejor actor principal. En esta ocasión Brando rechazó el Óscar, la segunda vez en la historia de Hollywood que un actor hacía esto (la primera vez la había rechazado el actor George C. Scott por su papel del general Patton en la película “Patton” (1970) porque rechazaba el sistema de votaciones de la Academia y la mera idea de convertir la interpretación en una competición como los Oscar).

Pero sus fuertes convicciones y el incansable activismo que Brando venía llevando a cabo desde la década de los 60 en favor del movimiento por los derechos civiles, que reconocía la igualdad ante la ley de los ciudadanos afroamericanos; así como su defensa de los nativos americanos, hicieron que rechazase de facto el premio, boicoteando la gala y enviando en su lugar a la activista estadounidense de origen indígena Sacheen Littlefeather, quien dio un improvisado discurso en contra de la imagen negativa que la industria cinematográfica difundía sobre los nativos americanos.

Marlon Brando reflotó su carrera brevemente tras su trabajo con Coppola, y fue contratado por el director italiano Bernardo Bertolucci para ‘El último tango en París (1973), donde interpretaba a un hombre maduro que se encuentra de manera esporádica en un piso vacío con una joven parisina, interpretada por Maria Schneider, para dar rienda suelta a sus pasiones más ocultas. El filme pasó tristemente a la fama cuando trascendió que el propio Brando se había prestado para interpretar una escena en la que se simulaba cómo sodomizaba en contra de su voluntad al personaje de Schneider, lo que provocó un gran trauma a su compañera de reparto. En 2011, la actriz Maria Schneider declaró que la escena de violación de la película de 1972 El último tango en París fue real y que se realizó fuera de lo establecido en el guion original, por sugerencia del propio Brando. Y que sus lágrimas en la escena fueron reales, hecho confirmado por el director. 

Durante los 70, trabajó de manera intermitente, aceptando papeles en películas comerciales con el único propósito de recuperar sus maltrechas arcas.

Pero Marlon Brando ya no era el actor explosivo de su juventud. Su apatía en el oficio de la actuación y su negativa a la hora de aprenderse los diálogos de sus personajes, marcó su devenir en la industria. Percibió cerca de 4 millones de dólares por aparecer en la película ‘Superman’ (1978) durante 10 minutos en pantalla, cifra que más tarde ascendería a 14 millones tras una demanda por incumplimiento del contrato. En este filme interpretó a Jor-El, el padre biológico del superhéroe, para el que Brando decidió esconder unas cartulinas fuera de plano con sus líneas escritas para no tener que memorizar el guion. En 2006, gracias a la tecnología, reapareció como Jor-El, el padre de Superman, en la película Superman Returns. Ese mismo año, Richard Donner, director de Superman: The Movie, llevó a cabo un proyecto en que publicó las escenas inéditas de Brando, en su papel de Jor-El, en la película Superman II: The Richard Donner Cut.

Un año después volvió a trabajar con Coppola en ‘Apocalypse Now’ (1979), interpretando el papel del coronel Kurtz, un desertor del ejército estadounidense enloquecido que huye a Camboya para vivir oculto en la jungla siendo adorado como un dios por una tribu de nativos. Brando amenazó con no viajar a Filipinas, lugar donde se rodaba la cinta, tras haber cobrado un millón y medio de dólares por anticipado y continuó mostrando un temperamento difícil tras su llegada, expulsando a Dennis Hopper del set de rodaje y luciendo la cabeza afeitada y un sobrepeso fuera de lo común, lo que obligó a Coppola a rodar todas sus escenas en penumbras.

La desidia del actor, el circo mediático y Michael Jackson

Hacia el final de su carrera, Brando solamente pareció interesarse por la industria cinematográfica para trabajar de manera eventual en películas de dudosa calidad que le reportasen jugosos contratos económicos, mostrando una infinita desidia por su trabajo durante los pocos días en los que los realizadores conseguían que apareciese por el set. 

Su imagen pública quedó seriamente dañada a causa de los sórdidos asuntos relacionados con su familia, de los que la prensa amarillista se hizo eco. Christian Brando, hijo de su primer matrimonio, y quien ya había estado involucrado en el asesinato de la esposa de Robert Blake, asesinó de un tiro al prometido de su hermanastra, la modelo tahitiana Cheyenne Brando, en la casa de su padre en Mulholland Drive. El circo mediático continuó cuando Cheyenne se fugó a Tahití y fue ingresada en un centro de rehabilitación a causa de sus adicciones y de sus problemas mentales, lo que terminó con su hermanastro Christian cumpliendo condena en prisión y con el suicidio de la joven por ahorcamiento a la edad de 25 años.

Tras este terrible suceso, los últimos trabajos de Marlon Brando fueron un par de películas con su colega Johnny Depp “Don Juan de Marco” (1995) “The Brave” (1997), a quien consideraba el mejor actor de su generación, y ‘The Score (Un golpe maestro)’ (2001), su último filme, donde pudo coincidir por primera y última vez con Robert De Niro. El director de la cinta, Frank Oz, quien se inició en la industria como titiritero de referencia en las series de televisión infantiles ‘Barrio Sésamo’ y ‘El show de los Teleñecos’, se dispuso a juntar a dos de los mejores actores de la historia del cinematógrafo, pero salió mal parado a causa de los insistentes desplantes que Brando le hacía en el plató, refiriéndose a él con apodos despectivos que le recordaban su época como marionetista. Su aventura en este rodaje se recordó por la cantidad de líneas improvisadas entre él y De Niro que hay en la película, además de por sus nuevas salidas de tono, entre las que se incluyeron bromas pesadas a sus compañeros de reparto o aparecer desnudo en el set. También se negó a ser dirigido por Oz, motivo por el que De Niro tuvo que asumir de manera eventual la dirección del filme en las escenas en las que Brando aparecía.

Su última aparición tuvo lugar en el videoclip de la canción ‘You Rock My World’ de Michael Jackson, a quien le ataba una profunda amistad, y donde interpretó un cortísimo cameo de solo unos cuantos segundos en el rol de un jefe mafioso por el que se embolsó la escandalosa cifra de un millón de dólares. A partir de aquí, Marlon Brando pasó sus últimos días retirado de la vida pública, con un problema de obesidad que le hizo alcanzar los 140 kilos de peso y con una alarmante situación económica que le empujó a vender la mayor parte de sus posesiones en Tahití y a vivir como un indigente hasta que falleció en 2004 a los 80 años de edad aquejado de una fibrosis pulmonar.

MATRIMONIO 4: su asistenta guatemalteca María Cristhina Ruiz, madre de sus tres últimos hijos. Nina, Myles y Timothy.

No obstante, poco después de su muerte se hizo público el testamento en el que dejaba un patrimonio de unos 22 millones de dólares y reconocía a diez de sus hijos habidos de todas sus relaciones. Brando reconoce a Christian, Miko, Rebecca, Teihotu, Cheyenne, Nina, Myles y Timothy Brando. También menciona a dos hijas Maimiti Brando y Raiatua, de las  que pocos sabían su existencia.    En el testamento de 15 páginas, Brando reconoce diez hijos vivientes y uno fallecido (Cheyenne) y subraya que excluye de su herencia a su hija adoptiva Petra Brando Corval y a su nieto Tuki Brando, hijo de Cheyenne. De ellos, los mayores repartieron sus cenizas, cumpliendo la voluntad del actor, en su isla de Tahití y en California, en el Valle de la Muerte.



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